Con los pies en la tierra

Por Sylvia Navarrete

para Dorada Sangre, 1995

Hay orden, un orden obsesivo en los cuadros de Virginia Chévez, pero también un apetito incontenible ante lo informal, lo indecible, lo inasible. ¿Cómo logra Virginia hacer convivir el orden y el caos? Su pintura, de gran formato, combina soportes de estructura geométrica, campos abstractos y figuras corporales de factura vigorosa. Recorta tablas de madera de dimensiones variadas, las cubre de tela cruda y sobre ésta emprende la composición.

    En algunas secciones desarrolla la anatomía humana como imagen fragmentada, tema medular de su producción actual. Rostros, piernas masculinas son bosquejados con trazo firme y a gran escala. Pero su motivo predilecto es el pie, debido a la simbología que entraña: el pie es lo carnal, lo terrenal y lo espiritual a la vez; no sólo representa el asidero del cuerpo en el mundo físico, sino que en la mitología universal simboliza el alma y la fragilidad de la existencia.

    En otras áreas, Virginia trabaja el espacio a la manera de un territorio abstracto. Superpone varias capas de pigmentos y de cera que entrevelan los colores, dejando escapar aquí y allá destellos imprevistos. Para “despertar” la materia pictórica, esgrafía la superficie con improntas nerviosas o le injerta hoja de oro o de plata, pedazos de aluminio y navajas que incrementan la sutileza de la textura. De pronto, inunda un panel entero de óleo o acrílico rojo sangre, arrojo de vida, derrame mortal, sacrificio apasionado, que por una correspondencia tácita se asocia con los miembros mutilados. Absorbida por estos “ambientes”, como les llama ella, la figura humana “desaparece para reencontrarse en uno y otro cuadro”

Los diversos planos de cada obra, ensamblados en forma asimétrica, establecen entonces un juego de espejos entre lo reconocible y lo sugerido, entre lo real y lo virtual y, finalmente, entre la llaneza de la imagen racional y sus posibilidades secretas. Metódica y ardiente a la vez, la pintura de Virginia Chévez cumple el reto de explorar las coincidencias recónditas y la ambigüedad del lenguaje figurativo y abstracto.


Foothold

by Sylvia Navarrete

for Golden Blood, 1995

There is an order in the paintings of Virginia Chévez, an obsessive order, but also an uncontrollable appetite for the inexpressible, the inaccessible and the informal. How does Chévez archive a coexistence between order and chaos? Her large-format paintings combine a geometrically-structured backdrop, abstract fields and bodily figures renderedwith a vigorous hand. To achieve her composition, Chévez cuts sheets of wood into different sizes and covers them with crude canvas.

    In some sections she develops human anatomy as a fragmented image, the crucial subject matter of her current output. Full-scale masculine faces and limbs are sketched with firm lines. Nevertheless, the preferred motif is the foot, perhaps on account of the symbolism it encompasses: feet are bodily, earthly and spiritual. Not only do they represent the bulwark of the body in the physical world, in universal mythologies they also signify the soul and the fragility of existence.

    In other areas, Virginia Chévez works the space of the canvas as an abstract territory. She superimposes various layers of pigment an wax which attenuate the colors, allowing unexpected flashes to emerge her an there. To “awaken” the painterly material, she scratches the surface with nervous gestures, or inserts silver or gold leaf, bits of aluminum and blades, all adding to the subtlety of the texture. After this, she may suddenly dip the entire panel into oil or acrylic blood -red paint- vital recklessness, lethal effusion, passionate sacrificewhich through a tacit correspondence can be associate with mutilated limbs. Absorbed by these “atmospheres”, as the artist herself calls, them, the human figure “disappears so as to find itself in successive paintings.”

    The diverse asymmetric planes in each work establish a mirror play between what is recognizable and what is suggested, between the real and the virtual, and finally between the straightforward nature of the rational image and its secret possibilities, Both methodical and blazing, the paintings of Virginia Chévez resolve the challenge of exploring recondite coincidences and the ambiguity of a figurative and abstract language.